Esta es una frase que se repite a diario en las calles, autobuses o centros nocturnos cubanos, pero ¿Cuán sustentables son esas palabras? ¿Cuánta responsabilidad tenemos todos los que señalamos a esas muchas y muchachas como perdidos? También están los que piensan todo lo contrario. Por ejemplo, el licenciado en Educación José Manuel González Oropeza.