Imagina despertar y no poder mover ni un solo músculo. Sientes una presión en el pecho, tu respiración se apaga lentamente y, en lugar de pánico, te inunda una paz sobrenatural. No fue una pesadilla; fue una certeza. Hoy comparto el relato íntimo de mi encuentro con lo que creí que era la muerte: el adiós mental a mis seres queridos, la rendición total y ese suspiro final que lo cambió todo. Un episodio para quienes alguna vez han sentido que hay algo más allá de lo que vemos.