La calle no puede oponer plenamente su vocación igualitaria a las flagrantes asimetrías que las mujeres tienen que sufrir en el mercado de trabajo, en el hogar, en la distribución de la justicia, en las jerarquizaciones políticas o en el sistema educativo. Las segregaciones espaciales que se derivan de la desigualdad de clase, de edad o de etnia afectarán siempre más a las mujeres del grupo inferiorizado que a sus hombres, de manera que es cierto que el espacio público no es igual para todos, pero es menos igual todavía para ellas.
Manuel Delgado