Las estadísticas son claras: el número de mujeres que entran en prisión es muy inferior al de hombres. Ellas representan menos de un 8% de la población reclusa total. Encerradas en un sistema masculinizado -pensado por y para hombres-, su realidad y necesidades son muy distintas. En su mayoría viven un triple estigma: ser mujeres, ser inmigrantes y haber estado en prisión. La Fundación Prolibertas, impulsada por la orden de los Trinitarios, trabaja para apoyar a estas mujeres a salir adelante y reinsertarse en la sociedad.