Devocionales con Joel Sierra

Muralla y vida


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Nehemías 5:5-7 (La Palabra)
Somos de la misma raza que nuestros otros compatriotas y nuestros hijos son como los suyos; sin embargo, tenemos que someterlos a servidumbre. Algunas de nuestras hijas se han convertido en esclavas y no hemos podido impedirlo porque nuestros campos y viñas son de otros. Al oír estas quejas y estos razonamientos me indigné sobremanera y, después de reflexionar, recriminé a los nobles y a las autoridades diciéndoles: — ¿Cómo es que exigen interés a sus hermanos?
PENSAR: La reconstrucción de la muralla debe ir de la mano con la reconstrucción de la vida del pueblo. Por eso, vemos que no es suficiente trabajar en la reconstrucción de la muralla, sino que también hay que atender la reconstrucción del tejido social, de las aspiraciones y esperanzas del pueblo de Dios.
La protesta del capítulo 5 de Nehemías tiene un primer plano, que es una petición de comida. La primera queja es un grito de hambre. Pero el segundo plano es más profundo. La necesidad no sólo es por el día de hoy. También nos falta la tierra para poder cultivarla y de ahí sacar el sustento. Hay una necesidad inmediata, que se resuelve con un plato de comida para hoy, con una mesa abierta de generosidad que comparte –donde comen cuatro, comen cinco. Es poner más agua a los frijoles. Pero también hay una necesidad a largo plazo, que también se resuelve con generosidad, pero convertida en justicia.
Algo no está funcionando. Hay una situación descompuesta. El pueblo no tiene acceso a la tierra. Tuvieron que entregarla para poder pagar los impuestos. La mayoría de la gente había quedado en un callejón sin salida, pues empeñaron su propio medio de subsistencia, la tierra. Cuando una persona que trabaja la tierra para vivir se queda sin ella, no puede vivir. No se trata sólo de la necesidad de hoy, sino de una condición permanente de pobreza y desamparo.
La reacción de Nehemías fue tremenda. Se indignó mucho y reflexionó. No dice que haya recurrido a la oración, como en otros asuntos. En Nehemías, el asunto de la justicia es algo que no requiere buscar la voluntad de Dios, porque ya está establecida bien claramente. En el pueblo de Dios no debe haber injusticias.
El pueblo de Dios debía ser una nación santa. Para eso no se requiere averiguar la voluntad de Dios, porque ya está bien establecida en los mandamientos de la ley. El testimonio de esta nación santa debe ser integral, en palabras y en acciones.
Está en juego la esencia del pueblo de Dios, que debía ser un pueblo santo. El pueblo de Dios debe entender el valor del dinero como instrumento para bendecir a la persona, y no al revés. Entre los pueblos paganos, el dinero es más importante que la persona, pero en el pueblo de Dios no es así. Como parte de la santidad de este pueblo, la persona siempre será más importante que el dinero.
ORAR: Señor, ayúdanos a encontrar aquello que hace que tu pueblo sea especial, más allá de los edificios materiales. Amén.
IR: ¡Qué afortunado es el pueblo que confía en Dios!
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Devocionales con Joel SierraBy Joel Sierra Cavazos