El Jueves Santo Jesús cenó la Pascua con sus apóstoles o discípulos, siguiendo la tradición judía, ya que según esta se debía cenar un cordero puro y del año; con la sangre de este se debía rociar la puerta en señal de purificación, puesto que si no se hacía así, el ángel exterminador entraría en la casa y mataría al primogénito de esa familia (décima plaga), según lo relatado en el libro del Éxodo.