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A veces, la vida —como el agua— nos invita a sumergirnos.
La angustia de Agustín fue una ola que me llevó a nadar más hondo, a entrar en mis propias aguas, esas que a veces duelen pero también limpian.
Aprendí que el equilibrio no se encuentra en la superficie, sino en el movimiento sereno del espíritu que se atreve a bucear.
Así acompaño también en mis terapias: nadando junto a otros, con presencia, respirando, abriéndome al misterio de lo profundo.
By Alejandra TrejoA veces, la vida —como el agua— nos invita a sumergirnos.
La angustia de Agustín fue una ola que me llevó a nadar más hondo, a entrar en mis propias aguas, esas que a veces duelen pero también limpian.
Aprendí que el equilibrio no se encuentra en la superficie, sino en el movimiento sereno del espíritu que se atreve a bucear.
Así acompaño también en mis terapias: nadando junto a otros, con presencia, respirando, abriéndome al misterio de lo profundo.