La derrota de Napoleón en Rusia, en 1812 marcó el principio del fin de su imperio. El 27 de junio, el general cruzó el río Niemen camino de Moscú. Había reunido el que se consideró entonces como el mayor ejército de la Historia, la Grande Armeé: más de 400.000 hombres para doblegar el imperio ruso.
Orgullosa y decidida, la marcha hacia la capital resultó, sin embargo, ardua. Ya en Smolensko, el 18 de agosto, sus tropas se habían reducido a 175.000, menos de la mitad, mermadas por las deserciones, las capturas y el hambre. Casi un mes después, en Borodino, la sanguinaria batalla resultó en otra pírrica victoria; 30.000 bajas que acercaron a Napoleón aún más hacia la trampa rusa.