Why God Won't Go Away: Un libro que explora la relación entre la experiencia religiosa mística y la actividad cerebral. Se describe un estudio de neuroimagen donde se monitoreó la actividad cerebral de budistas meditando y monjas franciscanas rezando, revelando una disminución de actividad en el área de asociación de orientación del cerebro durante momentos de intensa experiencia espiritual. Los autores plantean la hipótesis de que esta disminución se debe a una interrupción del flujo de información sensorial, llevando a una percepción de conexión con algo más grande que uno mismo. Finalmente, el texto introduce la idea de que la experiencia espiritual tiene una base biológica, examinando la evolución del cerebro y su capacidad para generar percepciones significativas del mundo, incluyendo experiencias trascendentales.