La mayoría de las madres que hemos viajado en avión con nuestros hijos, sobre todos bebés, no solo hemos tenido que lidiar con la preocupación de que nuestros pequeños no la sufran en el viaje y estén seguros, sino con el nervio y hasta la vergüenza de que al llorar o hacer berrinches, nuestros retoños "incomoden" al resto de los pasajeros adultos, cuando en realidad estos últimos no deberían molestarse o incomodarse ante el llanto o conducta propia de cualquier infante al viajar en avión
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