Con luna llena ha nacido
un niño que está prohibido,
o eso quisieran las leyes
que dictan hombres no reyes
(y aun si tuvieran tal nombre,
los reyes sólo son hombres).
De la madre no se fíen,
que nació allí y no aquí…
¡Qué delito, qué crimen!
¡Qué cosa tan mala y vil!
Si eres de allí y eres pobre
la ley le dice a la gente
que no llegas a hombre,
sino sólo a delincuente
(mas si tuviera tal nombre,
el pobre también es hombre).
Muévanse las acciones
los bancos subiendo,
se hundan naciones;
sean príncipes, banqueros,
o tiburones financieros,
presidentes o especuladores...
me vale más este niño
que el interés de los ladrones.
Y sea diputado, sea rey,
o del dinero la grey,
quien a los demás legisla,
mandémosle a una isla
si en él no prima una ley.
Únicamente una ley…
Pues una ley ha de valer
para poder llegar a ser
de veras hombres nosotros:
“Amaos como yo os amé
los unos a los otros”.
El 9 de enero de 2012 nació en Valencia un niño, hijo de dos ciudadanos del mundo, cuyo amor el Gobierno de España ha decidido que hay de judgar, no vaya a ser que se casen por conveniencia, por el origen pobre de uno de ellos. Me pregunto si a cierta uva pasa que llaman Duquesa, alguien le ha investigado si se casa en su ancianidad por conveniencia o por juvenil pasión amorosa. Algo me dice que en esta Europa tan democrática, el pobre es malvado hasta que se demuestre lo contrario, y el rico es bueno aunque se demuestre lo contrario.
-¿Por qué este poema?
-Por dos motivos: el primero por amistad con los padres del niño prohibido del que habla el poema. El segundo por compromiso bautismal: Soy católico y como tal no puedo aceptar la persecución al inmigrante. Me duele en el alma ver que muchos católicos, de los llamados de base, olvidan que la misma palabra católico, significa universal... lo que les lleva a atrocidades como jugar a la lotería en la parroquia o votar al PP. Es decir, un católico no puede aceptar la injusticia contra el prójimo, aunque sea de otro país, y no hacer nada. Escribir y difundir un poema es lo mínimo de lo mínimo que puedo y que debo hacer. Así que habría un tercer motivo: la vergüenza. Como dice la abuela de este niño prohibido: “Si pudiera, compraría un poco de vergüenza”. Pero la vergüenza no se puede comprar...
-Un poema con mensaje. Hay quienes dicen que el arte no debe tener mensaje, que debe limitarse al placer estético.
-Los que dicen eso son burguesitos que mienten y se mienten. Yo todavía no conozco una sola obra de arte que no transmita nada, y aquí incluyo hasta los dibujos de los niños más pequeños. Una vez vi, en un famoso museo de Bilbao, un cuadro en blanco, ahí expuesto, con una explicación del valor de la obra al lado. Pues bien, ese cuadro en blanco también me decía algo: me hablaba de la chulería del autor, de la sinvergonzonería del director del museo, y de las carencias de una sociedad que permite que en los museos se expongan cuadros en blanco. Los que no quieren que el arte les recuerde sus deberes morales, ¿quiénes creemos que son? El que está oprimido, ahogado por la injusticia, desea que el mundo conozca su situación... y deje de ahogarle. El que sufre dolor gime, grita... En cambio, el que no quiere oír los gritos del que sufre, ¿por qué no quiere oírlos? La respuesta es obvia. Más que obvia.
-Entonces ¿debe existir un arte de carácter social, comprometido con la justicia y la solidaridad?
-Todo arte es social y político. De hecho, prefiero definirlo como político. Este poema denuncia una injusticia que tiene unas causas políticas. Hay decisiones políticas que hacen que el 40 % de los trabajadores en España estén en paro o en economía sumergida, o en trabajos basura... Y, por supuesto, hay decisiones políticas que hacen que un inmigrante sea perseguido y maltratado. Y esas decisiones políticas tienen mucho de cultural, que es donde se encuadra la cosa artística. Durante mucho tiempo el Ministerio de Cultura y el de Educación han estado separados. Ahora por la crisis se juntan en uno... Pero es que ¿puede haber una educación sin cultura o una cultura sin educación? No. Es necesario educar en la solidaridad, es necesario generar una cultura de la solidaridad. Si no, seguiremos eternamente hablando de ajustes económicos, de las exigencias de los mercados, de las subidas del precio del crudo... y de todas esas cuestiones económico-políticas que tienen consecuencias mortales para muchos, como si fueran fenómenos naturales inevitables. Y, todo lo contrario, el mundo puede ser diferente. Puede ser mejor, más justo y solidario; pero para ello es fundamental una cultura de la solidaridad...
-Hablas de un niño prohibido. Yo no conozco ninguna ley que prohíba tener niños.
-Ya, pero hay una cultura que ve a los niños como un estorbo. Todos hemos oído a algún amigo o familiar decir impunemente que “¿para qué traer niños a este mundo, si van a sufrir?”, o gente de treinta y muchos decir que no están preparados para ser padres... También hay muchísima gente en paro. De hecho, el padre del chiquillo se ha quedado en paro hace un mes. Con las sucesivas reformas laborales y educativas, y los recortes sociales, el futuro de las generaciones más jóvenes pinta negro... Y, para redondear todo esto, el niño es hijo de una mujer inmigrante, a la no le dejan casarse si no demuestra que el matrimonio no es de conveniencia, para conseguir papeles. Si con este cuadro apruebas una ley del aborto como la aprobada por el PSOE, el mismo partido político que ha generado todo esto, con la complicidad de sindicatos y todos los demás partidos del arco parlamentario... Legalmente nacer no está prohibido, pero en la práctica en España se producen cien mil abortos cada año, sin contar los provocados por la píldora abortiva. Hoy tener hijos es enfrentarte al sistema, a los amigos y a la gente de tu entorno.
-Y ¿por qué esa cultura contra los niños, contra la familia?
-Pues porque la familia es fuente de solidaridad. Pongo un ejemplo: Cuándo éramos niños, en mi casa no nos dejaban jugar más de ¾ de hora al ordenador. A mi hermano y a mí nos gustaban los mismos juegos, así que jugando a dobles, podíamos juntar sus ¾ y los míos, y jugar una hora y media. Compartir nuestro tiempo de juego aumentaba dicho tiempo, así que aprendimos a compartirlo. Es un ejemplo sencillo, pero que demuestra que la familia es escuela de solidaridad hasta en las cosas más pequeñas. Y la solidaridad, entendida como compartir hasta lo necesario para vivir, es la única cosa que puede cambiar este mundo. Y, por tanto, es lo que más temen aquellos que se benefician de la situación actual de las cosas. De ahí la cultura contra la familia y contra la infancia.
-Una última pregunta: ¿cree que movimientos como el 15-M van a ayudar de algún modo a mejorar la situación de esos niños prohibidos?
-El 15-M no ha movido ni un dedo por los más necesitados. No sólo eso, sino que actualmente está copado de laicistas, que arremeten contra la única institución que defiende a los oprimidos a nivel mundial, que es la Iglesia Católica. Es más, yo ya no creo que en Europa pueda haber ni una sola organización o movimiento verdaderamente solidario, si no sale de la Iglesia Católica o de los inmigrantes pobres. Ni el 15-M, ni las ONG, ni fundaciones, ni sindicatos, ni grandes partidos políticos financiados por la banca, ni entidades de la ONU... En Europa sólo puede salir algo bueno de la Iglesia Católica, fundamentalmente de los seglares que sean capaces de tomarse en serio su compromiso bautismal; o de los inmigrantes pobres, de fuertes convicciones religiosas. El resto está muerto, y expresarnos con eufemismos al respecto sólo nos llevaría al autoengaño.