En la homilía de hoy, el Padre Javier Rivas, SDB, nos explica que, en la primera lectura hemos escuchado el origen del pueblo de Dios; esto lo vemos también reflejado en el Salmo. Dios le ha pedido a Abraham que deje su país, a su padre, para ir a una tierra que Él le señalará. Abraham abandona todas sus seguridades, a pesar de tener 75 años; esto nos hace pensar que Dios constantemente está exhortándonos a salir de nuestra zona de confort.
No hay una edad para este llamado del Señor; en cualquier momento Él puede sacarnos de nuestras comodidades y encomendarnos una misión.
Por otra parte, cuando vayamos a corregir a alguien, debemos hacerlo fraternalmente, pero el evangelio nos señala algo importante: nosotros también tenemos defectos; tenemos esa viga en el ojo. Aquí caemos a veces en el error de no corregirnos nuestros defectos, sin embargo, el mismo Señor nos invita a que nos corrijamos fraternalmente; que nuestros defectos no sean una excusa para dejar las cosas como están. Corregir es amar; y corregir no es opcional porque amar tampoco lo es.