No podemos permanecer indiferentes ante esta realidad. Los fariseos tenían sus corazones endurecidos, llenos de pecado. Por esta causa lo que experimentan hacia Jesús es odio. El Evangelio puede transformar nuestros corazones para que podamos, únicamente así, reconocer quién es Jesús. Y seguirle.
El Evangelio es una realidad que demanda.