No quiero que me “aparquen” en una residencia, a no ser que mis limitaciones me superen. No quiero que me alejen de mis recuerdos, referentes y de mi entorno seguro. No quiero convertirme en un estorbo para nadie. No quiero ser apartado para comodidad de unos y negocio de otros.
Las residencias públicas son un servicio a disposición de los mayores, mientras que las privadas son sólo eso, un negocio, por muy bonito que nos lo pinten sus campañas publicitarias. En cualquier negocio, cuando las cuentas no cuadran, toca recortar gastos. Y ya sabemos quien pierde cuando se recortan estos gastos en las residencias...