No me canso, mi amor, de dibujarte. Mira.
Escribo tu perfecto contorno delicado,
la línea litoral larga de tu costado,
la pierna que en el pie dinámico respira.
La flor que cimbreada en los pechos delira,
el pelo entre los hombros y espaldas resbalado,
los sumergidos ojos, el ombligo encantado,
la cadera que ondula, la boca que conspira.
Forma total y llena de gracia que diseño
de memoria en la luz o en la sombra del sueño,
sé de nuevo real, de nuevo sé tangible.
El cuerpo que mis manos claramente desean,
que mis ojos lo toquen, que mis manos lo vean,
que lo imposible vuelva de pronto a ser posible.