La forma de pensar las cosas nos lleva a educar con látigo o con terrón de azúcar.
Podemos motivar a alguien para que haga una buena acción: ¡Sé bueno y haz tal o cual cosa!
O podemos ofrecerle un latigazo: ¡No seas malito y haz esto o lo otro!
¿Cómo prefiere que le motiven? ¿Cómo está motivando?
Aquí mis reflexiones.