Una canción de spoken word y rock/folk electrónico con pulso deep house que cuestiona la obediencia automática y las “reglas” que nadie firmó, pero todos cumplen. La letra retrata cómo el sistema convierte el miedo en rutina, vende la urgencia como virtud y llama “madurez” a aceptar migajas. Entre imágenes urbanas y frases directas, aparecen las reglas no escritas: no humillar para subir, no confundir privilegio con mérito, no convertir personas en herramientas. El coro es una declaración de higiene mental: no se trata de ser “bueno”, sino de ser lúcido; no de romper todo, sino de no arrodillarse por dentro. Un tema íntimo, seductor y firme que busca despertar conciencia sin propaganda, defendiendo lo más difícil: seguir siendo humano.