Los que sirven al Señor, padecen. Padeció Cristo, padecieron los Apóstoles y toda la Iglesia. Pablo dice que eso, era la continuación de los padecimientos de Cristo. La Iglesia puede sufrir persecución, burlas, golpes y hasta muerte: de parte de la familia, compañeros de estudio, compañeros de trabajo y vecinos. Es algo increíble, pero cierto: sólo es la ceguera que pone Satanás.