Es terrible ser esclavo del diablo: llenos de vicios, de odio, de amargura, de malas palabras y acciones: haciendo siempre lo contrario a lo que Dios establece. Sabemos que antes el enemigo nos tenía doblegados; pero Cristo nos redimió: pagó un precio alto por nosotros. Debemos combatir a Satanás con armas espirituales: todo cristiano debe buscar ser sellado por el Espíritu Santo.