Números 31: Protección de Dios en tiempos de guerra.
Números 31:48-54:
Entonces se acercaron a Moisés los oficiales de los millares del ejército, los jefes de los millares y los jefes de las centenas, y dijeron a Moisés: —Tus siervos hemos pasado revista a los hombres de guerra que estuvieron bajo nuestro mando, y ninguno de nosotros falta. Por tanto, hemos traído una ofrenda al SEÑOR, cada uno de lo que ha hallado: objetos de oro, cadenillas, brazaletes, anillos, aretes y collares, para hacer expiación por nosotros mismos delante del SEÑOR.
Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron de ellos el oro y todos los objetos elaborados. Todo el oro de la ofrenda alzada que ofrecieron al SEÑOR los jefes de los millares y los jefes de las centenas fue de ciento ochenta y cuatro kilos. Pues los hombres del ejército habían saqueado cada uno para sí.
Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de los jefes de los millares y de los jefes de las centenas, y lo llevaron al tabernáculo de reunión, como recordatorio para los hijos de Israel delante del SEÑOR.
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Este capítulo es muy impresionante por la forma en que describe los eventos que ocurrieron en la guerra. Y esa guerra fue muy significativa porque fue en contra de los madianitas.
Fue Dios mismo que les indicó a que pelearan contra ellos porque Dios quería castigarlos por la forma en que engañaron a los israelitas con sus ídolos y sus prácticas inmorales como lo vimos en el capítulo 25.
En esta guerra vemos curiosamente que Balaam vivía dentro de las ciudades de Madián. Es muy probable que después de haber creado ese plan diabólico para pervertir a Israel, haya tenido una posición dentro del reinado de los madianitas. Por eso Dios castigó a Balaam por haber perdido el temor a Dios y haberse ido tras los deleites del pecado.
Los madianitas eran una población muy grande. Se componía de cinco reyes. Cinco poblaciones con cinco ejércitos.
Como en todas las guerras, barrios de los soldados de los dos bandos no sobreviven; sin embargo, el Señor no permitió que ningún soldado israelita muriera de la mano de los madianitas. De forma milagrosa el Señor guarda a todos los soldados de Israel y ninguno de ellos perece en la guerra.
Los líderes del pueblo reconocieron que esta es una gran hazaña de Dios, concediéndoles a todos los soldados a que regresaran vivos a sus familias y a sus tribus. En agradecimiento, ellos trajeron una multitud de ofrendas de lo que recogieron de los despojos de los madianitas. Esta es la promesa que Dios les dio en Levítico 26:8: “Cinco de ustedes perseguirán a cien, y cien de ustedes a diez mil; sus enemigos caerán a espada ante ustedes.”
Esta es una gran muestra de la protección del Señor. Él es el que cuida nuestro hogar en momentos que estamos enfrentando una guerra espiritual, cuando estamos bajo ataque, o cuando nos ponemos en posición de guerra para recuperar lo que hemos perdido. Sea la paz en el hogar, o algún cambio en el comportamiento de un hijo, o restauración matrimonial. ¡Nadie perecerá, seremos protegidos por Dios y Él nos dará la victoria!
Salmos 91:5-7 dice: “No tendrás temor de espanto nocturno ni de flecha que vuele de día ni de peste que ande en la oscuridad ni de plaga que en pleno día destruya. Caerán a tu lado mil y diez mil a tu mano derecha pero a ti no llegará.”
Tengamos siempre esa actitud de humildad, reconociendo que no es por nuestras fuerzas que hemos obtenido las bendiciones sino que es por Dios quien nos dio la protección y provisión, cuando traemos nuestras ofrendas de gratitud en oración día y noche.
Recordemos la convicción que David tenía y que nosotros debemos tener en tiempos de guerra, leamos Salmos 34:7: “El ángel del SEÑOR acampa en derredor de los que le temen, y los libra.”
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Numbers 31: God's protection in times of war.
Numbers 31:48-54: