Números 35: Ten cuidado con los impulsos fatales.
Números 35:16-28 RVA2015:
“‘Si lo hiere con un instrumento de hierro, y él muere, es un asesino. El asesino morirá irremisiblemente. “‘Si lo hiere con una piedra, con la cual pueda causarle la muerte, y él muere, es un asesino. El asesino morirá irremisiblemente. “‘Si lo hiere con instrumento de madera, con el cual pueda causarle la muerte, y él muere, es un asesino. El asesino morirá irremisiblemente. El vengador de la sangre matará al asesino; cuando lo encuentre, lo matará. “‘Si por odio lo empuja o arroja algo contra él intencionadamente, y él muere; o si por hostilidad lo hiere con su mano, y él muere, el que lo ha herido morirá irremisiblemente. Es un asesino. El vengador de la sangre matará al asesino cuando lo encuentre. “‘Pero si lo empuja de repente sin hostilidad, o tira sobre él cualquier instrumento sin intención, o si sin verlo hace caer sobre él alguna piedra que pueda causarle la muerte, y él muere, no siendo él su enemigo ni procurando su mal, entonces la congregación juzgará entre el homicida y el vengador de la sangre, conforme a estos decretos. La congregación librará al homicida de mano del vengador de la sangre, y lo hará regresar a su ciudad de refugio a la cual había huido, y él habitará en ella hasta la muerte del sumo sacerdote que fue ungido con el aceite santo. “‘Pero si el homicida sale fuera de los límites de su ciudad de refugio a donde había huido, y el vengador de la sangre lo halla fuera de los límites de su ciudad de refugio y mata al homicida, aquel no será culpable de sangre. Porque debió haber permanecido en su ciudad de refugio hasta la muerte del sumo sacerdote. Después de la muerte del sumo sacerdote, el homicida podrá volver a la tierra de su posesión.
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En la ley de Moisés se establece el orden para poder proteger al que por accidente, sin intención, mata a un compañero de trabajo o una persona.
Alrededor del territorio se establecieron ciudades de refugio para que ahí se fuera a vivir el causante del accidente y se protegiera de algún ataque de venganza de un familiar del fallecido. Al morir el sumo sacerdote de la ciudad de refugio la persona quedaba libre y comenzaba una nueva vida.
Es importante aclarar que el que causó muerte intencionalmente por odio o envidia o cualquier sentimiento negativo no estaría eximido del castigo máximo, que era la pena de muerte.
No era aceptable dejarse llevar por un impulso y quitarle la vida a alguien tirándole una piedra, un madero o metal, o empujándolo a un barranco.
Igualmente, debemos controlar nuestros impulsos. Por un arranque de ira podemos herir física o emocionalmente a un ser querido. Tanto el maltrato físico como las palabras ofensivas dejan marcas en el cuerpo y en el alma, rompiendo los lazos fraternales de confianza, respeto y amor.
Un arranque de tristeza y de dolor nos puede empujar a cometer acciones que después nos vamos a lamentar. Frustraciones con el esposo o esposa, o con alguno de los hijos podría impulsarnos a acciones nefastas.
Espero que esta reflexión te muestre la importancia de controlar los impulsos y emociones negativos que destruyen lo más precioso que tienes: tu familia.
Tal vez hoy no sufras el castigo de muerte por alguna acción que ha afectado emocionalmente y espiritualmente a un miembro de tu familia, pero ten en cuenta que esa acción dañina entristece al Espíritu de Dios y lo vas alejar de tu vida y de tu hogar; convirtiéndote en un obstáculo para las bendiciones de Dios, o peor, caer de la gracia de Dios y hasta perder tu salvación.
No pienses que este mensaje llegó tarde a tu vida. Si has cometido errores, te invito para que entres a la ciudad de refugio llamada Jesucristo. El enemigo quiere destruirte usando tu pasado y tus errores; nunca es tarde para arrepentirse y pedir perdón a Dios y a las personas a...