Vivimos en una sociedad que compite por todo. Competimos por ver quien es mejor en el colegio, en casa, en el trabajo, y como no, en el deporte. Y es algo normal, el deporte es competición, pero ¿hasta qué punto? ¿Dónde está el límite?. Los entrenadores y las familias, juegan un papel muy importante. La exigencia desmedida durante una práctica deportiva genera estrés pese a que puede ser algo que comienza como un juego.