En el tiempo de Cuaresma, lo propio es volver a Cristo. Quizá no estamos lejos de él, pero siempre hay cosas que convertir en nuestra alma. El mejor ejemplo de vuelta a Casa es el del Hijo pródigo. En él nos podemos reconocer todos: siempre nos vamos y siempre Él nos espera. Volver a casa es volver a la alegría de un hogar en el que se nos quiere.