O c t u b r e 25 La inesperada belleza contrastaba con el tono sombrío de la sobriedad de sus altibajos, sonreía, pero con la mirada casi caída, tras el agobio prominente de su necesidad de verse querida, buscaba afuera y no encontró nada, la bruma de la noche entorpecido su vuelo, y en la resiliencia que el flujo divino da, ante la mirada sutil del vástago ingenio que su arrogancia pedía en el idilio, luego te escribiste, a lo que detuve mi vuelo ese que funde todo,