Este oficio trae su origen de la más remota antigüedad y tiene gran semejanza con el oficio de un funeral. El oficio se realiza con todas las luces del templo apagadas, con excepción de las quince velas encendidas en un tenebrario (un candelabro triangular especial) en el centro del templo. Las velas se apagan progresivamente conforme avanza el oficio y al final ocurre un "terremoto" o "estrépito", cuando en total oscuridad los fieles golpean sus bancas con libros, matracas o con sus manos, produciendo un gran ruido (estrépito), en conmemoración del terremoto que acompañó a la oscuridad de la crucifixión de acuerdo con el Evangelio de Mateo.