Título: Oh mi alcancía ¡Que horror!
Bernabé Aguirre Carrasco
By Joven Referente

Tenía, la edad suficiente, para pedir, eso a papá: ¿No sé?
Habíamos echo la agenda; incluso lo primero que me pidió fue ahorrar, y construimos a periódicos viejos una alcancía. Dizque que eso aprendió su hermano, en aquel lugar que lo llevaron (él niño no lo sabe: fue a la cárcel).
--Es que mi tío Peterly, siempre fue muy gracioso y misterioso a la vez; más cuando cambio su aspecto. Sí, comenzó a perder peso. Y pasar largas horas en el techo. Yo desde el patio solo atinaba a ver el humo que salía hacia el cielo y la otra vez que entré en su habitación, la hallé llena oscura, como si tuviera nubes y ardían los ojos y sofocaba la nariz y hasta me hacía reír, y nunca le diré a mis padres que me empezó a gustar estar ahí. Se siente bien: ¡Como soñando a elevarse!
Papá Bierny, dejando de ir a la iglesia, los viernes y más con fecha trece. Se puso a recortar todos los periódicos que le conseguí de los vecinos; pues ellos eran más cultos que nosotros y podían comprar éstos y muchas otras cosas más.
Hicimos la alcancía de una casita, soñando, comprar, "una" cuando sea grande y termine la universidad. Creíamos que la haríamos conforme se llene un primer y segundo piso y cochera y sótano, también un granero... Todos los espacios, para llenar de todas las propinas.
— Me pregunto: ¿Cuántas monedas necesitamos para cumplir ese sueño, 10 años después?
De pronto, esa noche del jueves, 12 de noviembre 2020. Se oyeron nuevos ruidos en la calle y algo muy sórdido que hizo temblar mis orejas. Como los ruidos de las pistolas en las películas del oeste ¡Mucho más fuertes!
Y se oyó un auto y hasta las luces de un camión se vio reflejado en la ventana.
—Quise levantarme para ver: ¿Qué estaba pasando? Pero a pesar del susto, caí rendido del sueño...
Hoy, viernes trece por la mañana. Desperté. Sin el beso de papá, ni el tierno llamado de mamá, mi hermanita tampoco está, la habitación de mi hermana mayor, está toda revuelta, con sangre en su sábana.
— ¿Acaso? ¡¿Estoy sólo?! —dije—.
— ¡Dios mío! Iré al taller, ahí seguro están todos ¡Ah! Ya sé por qué. Hoy viernes trece es mi cumpleaños. Y hay una gran sorpresa.
Salí despacio de la habitación, bajé rápido las escaleras. —La puerta de la calle está abierta— ¿Nos habrán robado?
—Cruce, raudo el jardín y sorpresa un auto está chocado contra el carro de papá y tiene roto el parabrisas. Igual hay balas incrustadas en la puerta y está toda caída ¡Casi como arrancada de golpe!
Pero ¡Oh, no hay nadie! ¿¡No hay nada!? ¿¡Dónde fueron todos!? ¿¡Por qué se llevaron las cosas del taller!? No está el armario, ni mi silla, ni mi bicicleta. ¡¿Oh mi alcancía?! ¿¡Que horror!?
—Sólo he quedado yo. Y si me duermo y sueño otra vez. Todo volverá a ser como antes. Pero ¿¡Quién me contará un cuento de Halloween!? Aunque no me asustará más que este.