Luego de trabajar en la construcción, luego como vigilante y después en una finca, Efrén Vidal, con casi 65 años, oriundo de Cartago, norte del Valle, desde hace 35 años se dedica a vender, por las calles de Cali, plantillas, pantaloncillos, canilleras deportivas, limpiones, toallas y medias que el mismo califica como “calidositas”.
Efrén, todos los días, después de las 7 de mañana, con sus dos carros de supermercado, un bafle, un machete, un bastón, un pito, una gorra y sus gafas oscuras que no abandona, sale a vender la mercancía para poder pagar la pieza en donde vive solo, porque no le gusta que nadie le joda la vida.
Este hombre, que llegó a Cali a los 20 años, después de pagar el servicio militar en el Ejército, asegura que a pesar de manejar precios “bajitos”, a veces llega a la pieza con solo lo de la comida.
“No descanso. No se puede descansar. Los arriendos están muy caros. Hay mucha desigualdad. Mucho abuso de la gente. El rico que lo mire mal. Con desprecio, con odio, orgullo y vanidad”, recalca Efrén Vidal.