Seguimos igual. Una de cal, dos de arena. Un día luz, otro día sombra. Al menos alguno podría decir, no sin razón, que al menos antes éramos consistentemente malos. Por lo menos eso ahora no es así. Falta dar el paso para ser consistentemente buenos y ahí está el detalle como diría Cantinflas.
Un día somos capaces de remontar un partido que se ve imposible. Al siguiente perdemos por una carrerita y no hay forma de superar ese escollo.