Llegar al punto de competir por un hombre, sabiendo que tiene a otra y que prácticamente tu lo ves un fin de semana y el otro se va con la susodicha, no es de Dios.
Llegar al punto de competir por un hombre, sabiendo que tiene a otra y que prácticamente tu lo ves un fin de semana y el otro se va con la susodicha, no es de Dios.