Hay un notable pasaje en el que Jacob lucha con un ángel, que los sabios nos dicen que era la fuerza espiritual de Esaú. Aunque Jacob se hizo daño temporal en la lucha, el ángel no fue capaz de vencerlo. Entonces el ángel le dice a Jacob ya que has obtenido éxito en la lucha tendrás un nuevo nombre: Israel.
El nombre de Jacob se refiere a la palabra hebrea Ekev que significa “talón“. Cuando Jacob nació, su mano estaba atada al talón de su hermano mayor (gemelo) Esaú. Jacob tuvo que luchar con Esaú y también con su tío Labán. El nombre de Jacob sugiere lucha, enfrentar oposición y estar en situaciones difíciles. Por el contrario Israel se refiere a Sar, un príncipe, sugiriendo liderazgo, e incluye las letras de la palabra rosh que significa “cabeza“.
Más temprano en la Torá, cuando Abraham y Sara recibieron nuevos nombres por Di-s, los antiguos nombres nunca más son utilizados de nuevo. Sin embargo, en el caso de Jacob la Torá continúa utilizando ambos nombres para él, Jacob e Israel. Esto se debe a que tanto Jacob e Israel existen dentro de cada Israelita. Por un lado, está Jacob el resistor, que todavía tiene que luchar, por otro lado está Israel el afirmador, quien es inspirado.
Para muchos de nosotros, la mayor parte de nuestras vidas se gastan en alguna forma de lucha, y la inspiración es rara. Sin embargo, para Di-s, nuestra lucha también es preciosa: los momentos en los que no es fácil. Sin embargo, existen dos dimensiones dentro de nuestros corazones. En cualquier momento somos movidos por quien sabe que, y podríamos pasar de Jacob a Israel, de la lucha interna a una iluminación inspirada.
Romanos 7:15-25
15 Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. 16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. 18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. 21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. 22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? 25 Gracias doy a Dios, por Yeshúa el Mashíaj Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
1 Corintios 9:24-27
24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.