No debe haber placer más culposo que el de reirse cuando alguien se equivoca. Más si el furcio se da en un contexto completamente serio y que no da cabida para el humor.
No debe haber placer más culposo que el de reirse cuando alguien se equivoca. Más si el furcio se da en un contexto completamente serio y que no da cabida para el humor.