Es imposible no ser de Patti Smith, galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Artes. Patti no es sólo música, es literatura, es poesía y es arte puro. Fue una niña que aterrizó en Nueva York y que trabajó en librerías, donde dormía, porque vivía sumida en una pobreza extrema. Una muchacha fascinada por Keith Richards, al que imitaba a la hora de vestir. Se subía a los escenarios para hacer recitales de poesía y de repente, en 1975, se reveló como una artista global.