La Salvación es inmediata; pero la Santidad es progresiva y comienza cuando el creyente se convierte a Dios. De tal manera, que la mujer y el hombre cristiano: viste ropa decorosa, usa el cabello con decencia, no toma ni come sangre, no consulta al brujo. La Santificación es una obra de Dios, por el Espíritu Santo y por su Palabra; que nos muestra lo que le es desagradable a Él.