En este capítulo hablamos de la finísima línea que separa la persuasión de la manipulación, haciendo antes una parada en las turbulentas aguas de los sesgos.
Por su parte, Alexander Fleming, al que se le aparecieron todos los santos al descubrir la penicilina, nos da pie a tratar el poder creativo de lo aleatorio.
Voces: Jaione Santiago, Fernando Santiago y voces virtuales