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Mis ojos están siempre hacia Jehová,
Amado, te preguntas: ¿Cuál es la forma en que Dios maneja los pequeños asuntos de esta vida? Si yo, como hijo de Dios, debo enfocarme en lo eterno, ¿quién entonces se encargará de lo perecedero? Te preguntas: ¿Cómo procedo en tal o cual situación? Y te sorprende: ¿Cómo es que me resta fuerzas quitar la mirada de Dios y ponerlas en las cosas que, en esta escala de importancia, parecen microscópicas? El Dios que te creó y te salva te ha dado suficientes promesas.
David escribe:
Mis ojos están siempre hacia Jehová,
Es interesante que el salmista utiliza los ojos y los pies para describir lo que de otra manera pareciera absurdo pues: ¿No podría el escritor divino dejar de fijar los ojos en el Galardón y bajarlos para con sus propias fuerzas desgajar la red de sus pies? La respuesta es no. No podía, como tampoco nosotros podemos dejar de mirar lo eterno para perdernos en los detalles de lo perecedero.
El apóstol Pablo decía que “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Tim. 2:4 ). Y es que el salmista, como tú, tampoco contaba con el poder, ni la sabiduría para “desenredarse” de la maraña de la red en que estaban sus pies. No podría sacar sus pies de la red del poder del pecado, ni de la culpa del pecado. No podía desenmarañarse de los afanes y las tentaciones de este mundo ni tampoco zafarse a sí mismo de los engaños y tramas de sus enemigos.
Muéstrame - de dar a conocer íntima y afectivamente
Enséñame - como sinónimo de ser adiestrado
Encamíname - como sinónimo de dirigir en el andar
Acuérdate - como sinónimo de dar cuenta de Sus promesas
¿Confías tú en que Dios se te ha dado a conocer salvadoramente y personalmente a través de Jesucristo por medio de Su palabra y te ha abierto los ojos por medio del Espíritu Santo y te ha regalado la fe para creer? ¿Has puesto tus ojos y tu confianza renovada solo en Jesús, el autor de tu salvación y el consumador de tu fe? ¿Deseas ser adiestrado? ¿Ser dirigido? ¿Quieres caminar en la seguridad de Sus promesas?
Como soldado de otro reino tú tienes la gran seguridad de que, en virtud de la unión con Cristo, disfrutas de todas Sus promesas en Él. Y que, fijando en Él tus ojos, Él mismo se encargará de continuar revelando la plenitud de Su vida, enseñarte el camino en que debes andar, encaminarte a toda verdad y justicia y librarte del mal.
Tu Padre celestial sabe de qué cosas tienes necesidad y te confirma que cuando buscas primeramente el reino de Dios y su justicia, todas las demás cosas te serán añadidas, incluyendo el sacar tus pies de la red.
Adquiere el Libro en:
By Ricardo Morales-HernándezMis ojos están siempre hacia Jehová,
Amado, te preguntas: ¿Cuál es la forma en que Dios maneja los pequeños asuntos de esta vida? Si yo, como hijo de Dios, debo enfocarme en lo eterno, ¿quién entonces se encargará de lo perecedero? Te preguntas: ¿Cómo procedo en tal o cual situación? Y te sorprende: ¿Cómo es que me resta fuerzas quitar la mirada de Dios y ponerlas en las cosas que, en esta escala de importancia, parecen microscópicas? El Dios que te creó y te salva te ha dado suficientes promesas.
David escribe:
Mis ojos están siempre hacia Jehová,
Es interesante que el salmista utiliza los ojos y los pies para describir lo que de otra manera pareciera absurdo pues: ¿No podría el escritor divino dejar de fijar los ojos en el Galardón y bajarlos para con sus propias fuerzas desgajar la red de sus pies? La respuesta es no. No podía, como tampoco nosotros podemos dejar de mirar lo eterno para perdernos en los detalles de lo perecedero.
El apóstol Pablo decía que “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Tim. 2:4 ). Y es que el salmista, como tú, tampoco contaba con el poder, ni la sabiduría para “desenredarse” de la maraña de la red en que estaban sus pies. No podría sacar sus pies de la red del poder del pecado, ni de la culpa del pecado. No podía desenmarañarse de los afanes y las tentaciones de este mundo ni tampoco zafarse a sí mismo de los engaños y tramas de sus enemigos.
Muéstrame - de dar a conocer íntima y afectivamente
Enséñame - como sinónimo de ser adiestrado
Encamíname - como sinónimo de dirigir en el andar
Acuérdate - como sinónimo de dar cuenta de Sus promesas
¿Confías tú en que Dios se te ha dado a conocer salvadoramente y personalmente a través de Jesucristo por medio de Su palabra y te ha abierto los ojos por medio del Espíritu Santo y te ha regalado la fe para creer? ¿Has puesto tus ojos y tu confianza renovada solo en Jesús, el autor de tu salvación y el consumador de tu fe? ¿Deseas ser adiestrado? ¿Ser dirigido? ¿Quieres caminar en la seguridad de Sus promesas?
Como soldado de otro reino tú tienes la gran seguridad de que, en virtud de la unión con Cristo, disfrutas de todas Sus promesas en Él. Y que, fijando en Él tus ojos, Él mismo se encargará de continuar revelando la plenitud de Su vida, enseñarte el camino en que debes andar, encaminarte a toda verdad y justicia y librarte del mal.
Tu Padre celestial sabe de qué cosas tienes necesidad y te confirma que cuando buscas primeramente el reino de Dios y su justicia, todas las demás cosas te serán añadidas, incluyendo el sacar tus pies de la red.
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