Los personas se aferran a los males que les han hecho, los practican, se excusan culpándo a los demás por estos males, por los fracasos que les han ocasionado y, frecuentemente, envenenan sus vidas con la amargura que, continuamente, circula en su corazón y su mente. Los convierten en almas pequeñas, acusadoras e iracundas en lugar de hacerlos los grandes seres generosos que han sido llamados a ser. ¿Y tú, eres capaz de perdonar?