Me hubiera gustado ver los ojos de aquel pobre hombre, postrado en tierra durante treinta y ocho años, cuando, tras preguntarle Jesús si quería quedar sano, le respondió: Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina. Me hubiera gustado ver la impotencia en su mirada, en esas pupilas que, desde el suelo, mirando hacia arriba, le decían al Señor mucho más de […]