Hacen falta un montón de estrellas para ir a buscarte. Aunque te cansaras de decir “soy un guajiro normal” y entendiéramos tus razones, eras mucho más, mucho más. Tu estirpe de cantor innato viajó desde Las Terrazas cercanas a la Sierra de los Órganos, en Pinar del Río, hasta los corazones del público cubano, mexicano, colombiano, costarricense…
Imantados por tu carisma, voz y esa conexión sincera de autor de pueblo, la multitud te seguía, Polo. No bastaban los pasillos ni las escaleras para acoger tanto público en tus presentaciones. “… compone mientras camina o monta un tractor, mientras nada, bajo la lluvia, el sol o la luna, cuando siembra la tierra… y hasta durmiendo”, nos recuerda Pedro de la Hoz en una entrevista, al citar esas palabras del cuadernillo de tu primer disco.