Nos vendieron la idea de que invertir es un deporte exclusivo para gente de traje y cuentas bancarias enormes. Y tal vez hace décadas lo era, pero hoy esa excusa ya caducó. Si sigues repitiendo el clásico "cuando gane más, empiezo", sin darte cuenta te estás quedando fuera del juego por no atreverte a empezar con lo que te cuesta una pizza.
En este episodio desarmamos la trampa de esperar el "momento perfecto". Porque el objetivo de empezar con poco dinero no es hacerte millonario de la noche a la mañana; es perderle el miedo al mercado, construir el hábito y transformar tu identidad de espectador a inversionista. Si tienes un celular y unos cuantos pesos, ya se te acabaron los pretextos.