Llevas años escuchando que para hacerte rico necesitas usar el dinero del banco. Te dicen que pidas un crédito, compres un departamento, lo rentes y dejes que el inquilino pague tu hipoteca. En un Excel, la matemática de la "deuda buena" es perfecta y suena a dinero gratis. Pero esa hoja de cálculo no contempla el mundo real: una crisis, un inquilino que deja de pagar o una subida repentina en las tasas de interés.
En este episodio analizamos cómo el apalancamiento no solo multiplica tus ganancias, sino que multiplica tu fragilidad en la misma proporción. Cuando las cosas salen mal, al banco no le importa si tu deuda era para invertir; ellos exigen su pago el día primero. Si no tienes un plan de supervivencia para cuando el mercado tropiece, no estás invirtiendo. Estás apostando con crédito.