Porque el reino de Dios trabaja con propósito y su plan es perfecto y está apunto de consumarse. Porque nuestra vida necesita desarrollarse para avanzar juntamente con este plan, no podemos estancarnos. Porque hay un enemigo que quiere hacernos caer en trampas de error y desviarnos de la fe a la que hemos sido llamados. Básicamente, todo esto encierra la idea de la perfección.