Debemos mantenernos en una condición de firmeza, en la que Cristo por su obra en las Cruz nos posicionó, de la potestad de las tinieblas al Reino de su amado hijo.
En Él tenemos una posición y una realidad. Somos hijos de Dios, herederos y coherederos con Cristo, participes de su naturaleza, tenemos una nueva genética espiritual, somos santos y justos, cuidadanos de un reino eterno, reyes y sacerdotes, nación santa, embajadores, tenemos la mente de Cristo, somos bendecidos con toda bendición espiritual, estamos sentados en lugares celestiales. En fin, en Cristo estamos completos.
Si no tenemos en claro la posición y administración que Dios nos otorgó, seguiremos deseando el modelo del sistema, temporal y superficial; y será prioridad antes que lo eterno.