El instinto de supervivencia es natural en el ser humano. No pertenece a la concupiscencia, que es esa tendencia al pecado heredada de Adán. El afán de supervivencia es la nostalgia de un lugar donde el hombre no moría. Jesús, cordero de Dios, no sufrió la tendencia interior al pecado, pero quien era la Vida misma sí experimentó el anhelo de sobrevivir. En Getsemaní, ese […]