En la segunda mitad del siglo XIX abundan en la prensa las reseñas de interpretaciones de música sacra, dentro y fuera del templo, especialmente con motivo de las principales fiestas solemnes, como la Semana Santa. Inicialmente los periódicos describían e incluso comentaban la música de las funciones litúrgicas, pero a medida que avanza el siglo aumentaron las referencias a las interpretaciones de música religiosa fuera de los recintos sagrados y se centraron en su presencia en los teatros y salones de asociaciones cívicas, principalmente en periodos como la Cuaresma, cuando estaban prohibidas las representaciones teatrales.