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Nos despertamos con una notificación… y ni era la alarma. Y desde ahí todo es maratón de subida: competencia, horas extra, urgencias “para antier” y esa costumbre de vernos como bichos raros cuando paramos tantito. Pero eso sí: pizza los viernes (porque hay bomberazo y saldremos tarde, pero con doble pepperoni).
En este episodio hablamos de esa ansiedad de estar produciendo siempre, del consumismo como mini anestesia, del café que nos “salva” mientras nos deja la taquicardia (y el intestino en modo escape), de las juntas que ni mail eran —eran WhatsApp—, y de nuestra necesidad millennial de autocuidado: el fuerte de cobijas, Netflix, boba, botanas… y el madrazo de ansiedad cuando se acaba el capítulo y regresa la vida. Y al final, recordamos lo único que de verdad baja el ruido: la tribu.
By Gustav NumasNos despertamos con una notificación… y ni era la alarma. Y desde ahí todo es maratón de subida: competencia, horas extra, urgencias “para antier” y esa costumbre de vernos como bichos raros cuando paramos tantito. Pero eso sí: pizza los viernes (porque hay bomberazo y saldremos tarde, pero con doble pepperoni).
En este episodio hablamos de esa ansiedad de estar produciendo siempre, del consumismo como mini anestesia, del café que nos “salva” mientras nos deja la taquicardia (y el intestino en modo escape), de las juntas que ni mail eran —eran WhatsApp—, y de nuestra necesidad millennial de autocuidado: el fuerte de cobijas, Netflix, boba, botanas… y el madrazo de ansiedad cuando se acaba el capítulo y regresa la vida. Y al final, recordamos lo único que de verdad baja el ruido: la tribu.