Isaías anunció que una virgen iba a concebir, sin haber estado con un hombre. Que iba a nacer un niño, que no era cualquiera: era el Hijo de Dios. Y así sucedió: en la formación de este santo ser, en el vientre de María; no intervino la ovulación de ella, ni el espermatozoide de ningún hombre. Él tiene muchos nombres sublimes y fue una obra sobrenatural del Espíritu Santo de Dios.