Narra cómo María unge los pies de Jesús con un costoso perfume de nardo y los seca con su cabello, un acto de amor y devoción que anticipa el día de su sepultura. Judas Iscariote critica este derroche, argumentando que el perfume debió venderse para ayudar a los pobres, pero Jesús lo censura, revelando la verdadera intención de Judas, quien era ladrón, y defendiendo la acción de María como un acto profético para su sepultura.