Enseña un proceso de reconciliación y unidad en la comunidad: si un hermano peca, primero se le debe reprender en privado; si no hace caso, se debe buscar la ayuda de uno o dos testigos; y si aun así no escucha, el asunto debe ser llevado a la iglesia o comunidad. El pasaje también afirma que la autoridad de atar y desatar dada a la iglesia tiene el respaldo del cielo, y garantiza la presencia de Cristo entre dos o tres que se reúnan en su nombre.