Relata la enseñanza de Jesús sobre el perdón infinito, respondiendo a Pedro que no hay límite de siete veces para perdonar al prójimo, sino que debe ser hasta setenta veces siete. Este pasaje introduce la Parábola del Siervo Incompasivo, donde un siervo a quien se le perdona una deuda enorme y por misericordia, luego no tiene compasión con un compañero que le debe poco, actuando con crueldad y lo que le acarrea la ira de su señor y el castigo correspondiente.