Describe la hipocresía de los escribas y fariseos, comparándolos con sepulcros blanqueados que, aunque lucen bellos por fuera, por dentro están llenos de podredumbre y muerte. Jesús los reprende por construir los sepulcros de los profetas y adornar sus tumbas, mientras en sus corazones desprecian a los justos, declarando así ser los herederos de quienes asesinaron a los profetas. El pasaje concluye con la exhortación a los hipócritas de “colmar la medida de sus padres”, señalando que su propia conducta los señala como herederos de la maldad de aquellos que mataron a los profetas.